Estoy Aquí y Ahora.

mindfulness

Una tarde de mindfulness

Hoy hacía por fin un día soleado y templado, así que he terminado cuanto antes de trabajar y he ido a correr; cuando he terminado, he comprado un café para llevar y  he ido al parque a pasear. Me he sentado en un banco en un montículo delante del mar abierto, donde se ve parte de la ciudad, y una pequeña península enfrente.

Intencionadamente no he sacado mi móvil del bolsillo en la hora que he pasado en el parque. En su lugar, simplemente he observado lo que pasaba a mi alrededor, con nada qué hacer, ni un lugar concreto adónde ir, y he presenciado pequeños momentos cotidianos:

  • Una gran coreografía de patos atravesando el cielo en perfecta disposición.
  • Un avión rugiendo en el cielo a mediana altura, dejando una enorme estela de humo a su paso; las dos grandes líneas rectas que tardan bastante tiempo en desaparecer y me pregunto dónde irá.
  • Una bandera irlandesa ondeando en su mástil.
  • Cómo incidía la luz del sol en el mar, y cómo cambiaba de matices una vez que el sol había desaparecido.
  • El olor húmedo y fragante de la incipiente primavera.
  • El cambio de temperatura al caer la tarde.
  • Las risas de los niños y el parloteo animado de los ancianos de fondo.
  • La luna, mínima y estrechísima, que tan facilmente podría haber pasado por alto.

Otro día cualquiera, tras admirar brevemente la estampa, me hubiera puesto a bobear con mi teléfono en vez de atender a lo que pasaba a mi alrededor. En el mejor de los casos, habría leído un libro, pero al fin y al cabo, absorta en la pantalla. Total, esto es lo que hacemos todos, ¿no?

La práctica del mindfulness

Esta acción deliberada se llama mindfulness – la plena atención a tu cuerpo y ser consciente de lo que te rodea, sin juzgarlo, y con ello, anclarte en el momento presente. Como es natural, mis pensamientos me sacaban constantemente de este empeño. Pero lo importante es que cuando me daba cuenta de ello, volvía a mi tarea de sólo observar y admirar lo que me rodeaba.

Anclarte en el presente… y algunos dirán, pues claro que estas en ese aquí y en el presente, no tienes un artilugio que te teletransporte ni una máquina del tiempo. Ni hace falta, porque nuestro cerebro y pensamientos lo hacen por ti constantemente, ¡y ni siquiera te das cuenta! Pero el resultado es que la inmensa parte de tu tiempo te la pasas «viajando» al pasado o «teletransportándote» al futuro, por muy cercano o inmediato que sea.

Esto no es ciencia ficción ni ningún cuento chino, es neurología. El cerebro está configurado para aprender constantemente de experiencias pasadas y de preveer los futuros peligros. Aunque ya no tenemos que huir de depredadores prehistóricos, nuestros cerebros han evolucionado muy poco desde entonces. Por lo tanto, es normal hacer esto de manera constante.

Si te hicieras consciente de tus pensamientos, te darías cuenta que estamos casi siempre absortos en otro tiempo y lugar. Mientras hacemos una tarea, conducimos o paseamos, vamos planeando qué vamos a hacer después, o damos vueltas a lo que nos preocupa. Cuando nos hablan, muchas veces no escuchamos atentamente, sino que estamos pensando en nuestras cosas.

Soñamos despiertos en nuestras próximas vacaciones y en fantasías varias que nos evaden de nuestra realidad. Engullimos nuestra comida distraídamente, en vez de saborear y apreciar lo que tenemos delante. Echamos la vista constantemente al pasado, y lo arrastramos invariablemente a lo que somos ahora.

La importancia de estar presente

Sin embargo, esta continua actividad de recrear nuestro pasado y predecir el futuro, nos genera ansiedad, tristeza y preocupaciones que son en muchas ocasiones infundadas o innecesarias. Todo esto es opuesto al mindfulness.

¿Cuántas veces estás presente en tu día? Porque la realidad es que el ayer ya se fue y el mañana aún no ha llegado. Todo lo que no es ahora, no existe. Este momento, mientras escribo estas palabras, es el único que hay y por lo tanto lo único que importa. Siempre es ahora. Siempre.

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