Un Día Cada Vez

pandemia de Coronavirus

Un día cada vez. Este es mi mantra para afrontar la pandemia de Coronavirus en la que estamos inmersos.

Un día cada vez. Es una premisa de los adictos en rehabilitación: sigue sobrio, sólo hoy (independientemente de lo que pasó ayer o lo que harás mañana), preocúpate sólo de lo que depende de ti, responsabilízate de tus actos y mañana será otro día…vuelve a empezar.

Me levanto cada mañana en un día nuevo, casi idéntico que el anterior pero ya otro. Un lienzo en blanco con otras 24h que llenar. Al igual que el inclemente tiempo irlandés donde vivo, no le pongo expectativas, simplemente convivo con él. Aunque me gustaría que fuese diferente.

Llevamos ya mucho tiempo convenciéndonos de que la pandemia de Coronavirus pronto se acabará:

Después de este confinamiento, cuando caigan los casos, ahora que llega el verano, qué bien vamos de vacaciones, ¡a disfrutar que son dos días!

Están investigando la vacuna, ya llega la solución. Esto TIENE que pasar, qué voy a hacer yo si no. Bueno, hay esperanza, en unos meses todos volvemos a nuestras vidas.

Espera, otro confinamiento, segunda ola, paciencia, que seamos resilientes nos dicen. Pero ahora llegan las navidades, venga, a celebrar, a comprar sin conocimiento, en enero borrón y cuenta nueva.

Ay, una tercera ola…si nos dijeron que lo peor había pasado. No lo soporto más…¿dónde está la dichosa vacuna? ¿Y ahora, qué?

Supongo que este discurso nos lo hemos contado todos de una manera u otra, con resultados similares: NO FUNCIONA. Sólo genera impotencia, estrés y frustración acumulada en el tiempo. Nuestro planeta se ríe ahora en nuestra cara sin distinción geográfica o social, a nosotros los humanos que nos creíamos tan poderosos.

La vida me pone a prueba una vez más, y después de un año atravesando una montaña rusa de emociones, pienso que vivir en el aquí y ahora tiene más sentido que nunca. Cambiar de mentalidad para no caer en la desesperación cuando no hay perspectiva cercana de «normalidad». Aunque dudo que volvamos a la rutina conocida.

También las comillas cuestionan si nuestras frenéticas vidas anteriores las denominaríamos ahora normales, porque para mí ya no lo son. Precisamente, la dichosa pandemia de Coronavirus me ha permitido frenar y salirme de ese círculo vicioso de interminables trayectos al trabajo, sobrecarga general, consumismo sin medida y malabares varios de conciliación familiar y laboral.

«A veces el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo.

Esta tormenta, en definitiva eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.»

«Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.»
Haruki Murakami, «Kafka en la Orilla»

A pesar de las circunstancias actuales, me tomo un día cada vez, el único del que realmente dispongo, para seguir mejorando y creciendo.

Por el camino, intento disfrutar de las pequeñas cosas que antes pasaban desapercibidas, conformarme y aceptar la situación en vez de resignarme y seguir quejándome.

Es una decisión consciente y deliberada, y no es fácil, claro que no. Mi zona de confort se alimenta de pensamientos opuestos donde no puedo hacer nada y echo la culpa a lo externo, y así no soy parte de la solución, sólo del problema.

Y es verdad que no podemos controlar esta situación y que la incertidumbre asusta. Pero sí está en mis manos qué reacción tener, de elegir cómo respondo: y esa es precisamente la clave. Hay opción, me digo…siempre la hay, no soy un mero espectador de esta tormenta.

Y cuando haya pasado, efectivamente ya no seremos los mismos.

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